dimecres, 5 de maig del 2010

Ordre en el que se li van donan nous aliments.

Hasta por lo menos el primer año de vida es estrictamente necesario el amamantar a los bebés, debido a que se completa la formación de sus funciones intestinales por esta vía (por ejemplo, las enzimas que se encuentran en el estómago e intestino), y se establece un nexo entre el niño y la madre. La leche materna es la comida ideal para que los más chiquiticos crezcan y se nutran debidamente. Cristina Cajone, médico pediatra, afirma que es el mejor alimento, pues en resumidas cuentas es “de la misma especie”, un alimento humano, que proporciona al niño las cantidades necesarias de oligoelementos, ácidos grasos, proteínas y azúcares. La primera y mejor recomendación es amamantar al pequeño durante los primeros seis meses de vida sin sustituto alguno. Cajone recomienda lactancia “a libre demanda”, eso quiere decir cada vez que el bebé lo pida.

De cuatro a cinco meses Vegetales, frutas y cereales A partir de los seis meses es necesario el cambio de alimentación pues las necesidades nutricionales del bebé cambian. Esta transición no puede ser brusca, requiere de paciencia. Lo primero es no desesperarse sobre las posibles intolerancias alimentarias; es decir, si algún alimento produce diarrea, aumento de temperatura o estreñimiento. El organismo del pequeño debe irse acostumbrando progresivamente. Cajone explica que el truco está en ofrecer uno a uno cada alimento, de manera que si hay intolerancia o algún tipo de reacción alérgica se pueda determinar cuál es la fuente causante. Comienza entonces la denominada ablactación, que no es más que ofrecerle a su hijo otro tipo de alimentos distintos a la leche.

Cajone explica que ya para esta etapa el bebé debe estar complementando la lactancia materna con fórmulas de lactancia maternizada consumiendo un tetero de pocas onzas, dependiendo del peso y la talla, luego de su lactancia materna. El último tetero, justo antes de dormir, puede llevar un cereal que no contenga gluten (trigo, arroz), pues es común cierta intolerancia por parte de los más pequeños a estos ingredientes durante los primeros meses de vida.

Primero vegetales y luego frutas, porque si el recién nacido se acostumbra al sabor dulce de las frutas al inicio, le cuesta más la adaptación a lo salado. Se le debe ir ofreciendo al niño sus primeros teteros de sopas, preparándolas con un alimento por vez. Se recomienda empezar con ocumo, ñame, apio, auyama y papa, preparando una “sopita para bebé”; es decir sin mucho condimento y por recomendación de Cajone, se puede colocar un poco de sopa en el tetero y el resto en un platico e intentar a ofrecerle primero a su hijo el alimento con una cucharilla. Debe tener mucha paciencia: es necesario que el nené descubra que tiene que abrir la boca para comer, dedíquele tiempo y amor, que luego de que él se dé cuenta de esto tomará todas sus sopitas con cucharilla. Luego es el momento oportuno para empezar a darle jugos, en un inicio de frutas no cítricas —estos se recomiendan para después del año— y dependiendo de la tolerancia estomacal del bebé, el especialista recomendará con cuáles empezar. Por ejemplo, en el caso de un niño que sufre de estreñimiento se evita la manzana y la guayaba, es preferible brindarle las opciones de lechosa, melón, pera. El bebé puede tomarse el tetero de frutas a mitad de mañana o a mitad de tarde. Un bebé de cinco meses ya debe estar almorzando su sopita de vegetales y merendando su juguito de frutas, acompañado todavía, por supuesto, de su leche materna cada vez que él lo pida.

A SABER

››La alimentación es la base necesaria para un buen desarrollo físico, psíquico y social de los niños

››Una buena nutrición es la primera línea de defensa contra numerosas enfermedades

››La leche materna es el alimento ideal por excelencia para un recién nacido

››El cambio de alimentación requiere ayuda y paciencia

››Los cereales contribuyen al aporte energético, son fuente de proteínas, minerales, vitaminas, ácidos grasos esenciales e hidratos de carbono de absorción lenta, por lo que permiten un mayor tiempo entre toma y toma

››Darle al bebé un alimento nuevo por mes

A los seis y siete meses Las proteínas Cuando su hijo cumpla cinco meses y medio se puede añadir a la sopa de vegetales una pechuga de pollo, empieza entonces así el inicio de las proteínas. Sobre los seis meses y medio, el bebé no sólo está en capacidad de comer sopas de pollo, puede empezar a ofrecerle la carne —lagarto preferiblemente—. En esta etapa, entonces, se puede intercalar sopita de res, de vegetales y de pollo en el almuerzo.

El bebé ya ha ido creciendo y aproximadamente cuando llega esta etapa comienzan a salirle los dientes, por lo tanto el pequeño de la casa puede, aparte de tomar líquidos, empezar a ingerir alimentos semisólidos, tales como purés, carnita molida, compotas e incluso puede comenzar a masticar galletas bajo la supervisión de sus padres.

Otra fuente de proteínas sumamente importante es el huevo. A los siete meses es una buena edad para introducir al bebé en el consumo de éste, pero sólo la yema (en pequeñas porciones), pues la clara es sumamente alergénica y los especialistas la recomiendan para luego del año. Puede dar de comer huevo al niño dos veces por semana, añadiéndolo a la sopa, para que el niño pueda tolerarlo sin problemas.

De los ocho meses al primer año Lo que hay en casa Han pasado los días, su bebé ha crecido, su estómago está mucho más maduro y como necesita seguir fortaleciéndose para crecer sano y fuerte, su organismo va demandando otra clase de alimentos, aparte de la leche, los vegetales, las frutas y las proteínas que debe estar ya consumiendo.

Según Cajone, si los niños no poseen antecedentes de intolerancia a los granos en la familia, los ocho meses son una edad recomendable para que el bebé comience a introducirse en la ingestión de leguminosas, tales como caraotas, lentejas, arvejas, entre otros.

Al año ya el bebé debe estar comiendo prácticamente lo que hay en su casa distribuido en cinco comidas al día: desayuno, merienda, almuerzo, merienda y cena; evitando, eso sí, los enlatados, embutidos y alimentos con mucho colorante.

En edad preescolar Bienvenidos Se llama niño preescolar a aquellos que se encuentran entre los dos y los seis años. Según la pediatra Cajone, ya a esta edad los padres deben comenzar a negociar con los hijos los alimentos que consumen y tener claro que los niños deben comer balanceadamente. Suele ocurrir en esta etapa que los infantes empiezan a rechazar alimentos y en estos casos hay que tener paciencia. Un niño que ya vaya al preescolar o a la guardería es un niño activo, demanda mayor cantidad de nutrientes, no significa esto que sus raciones deban ser grandes; nunca pueden igualar a las de un adulto. Una opción puede ser una arepita con queso en la mañana, junto con su vaso de leche, una fruta a media mañana, una galleta o un pedazo de torta, el almuerzo constituido por cualquier tipo de carne, arroz, granos y ensaladas y la cena en la que no se debe omitir la proteína animal, los lácteos, cereales y jugos. En conclusión, se deben incluir todos los tipos de alimentos en las comidas cuando los niños empiezan a ir al colegio.

POR ETAPAS

››Periodo lácteo: La leche es su único alimento, sea leche humana o artificial. Durante este período, el lactante es capaz de succionar y deglutir, pero aún no ha desarrollado la capacidad de digerir ciertas proteínas

››Periodo de transición o destete: En este período se van introduciendo con prudencia alimentos no lácteos, preparados de forma adecuada en consistencia y cantidad, para no alterar el ritmo de maduración digestiva y renal, así como el progresivo desarrollo neuromuscular. En esta etapa se pasa de la succión al uso de la cuchara; se cambia la textura de los alimentos: de líquido a triturado, y cuando ya tenga dientes a troceado

››Periodo de maduración digestivas: La alimentación se debe adaptar a la capacidad digestiva y al estado de desarrollo fisiológico y neuromotor, haciendo paulatina la introducción de alimentos.

La capacidad gástrica del recién nacido es de 10 a 20 mililitros y aumenta durante el transcurso de su primer año hasta los 200 mililitros, lo que va a permitir que el niño haga comidas más abundantes y menos frecuentes

Fuentes Cristina Cajone, pediatra. Centro Médico Diagnóstico San Bernardino. Telfs.: 551.1133 / 1251 www.revista.consumer.es www.mifarmacia.es www.babysitio.com