dilluns, 24 de maig del 2010

ENERGÍA

formas de autobastecerse de energía: son el amor hacia uno mismo bajo la auto-valoración, el perdón, el contacto con la naturaleza, que es el mayor tesoro que se nos ha entregado, la meditación, relajación, pasárselo bien, reírse, mimar al niño interior que hay dentro de cada uno permitiéndole expresarse, realizar prácticas energéticas como Yoga, Taichi, Reiki, Cristaloterapia… Hacer deporte, disfrutar de una buena lectura, de la música, una buena comida y una mejor siesta. En definitiva, dar vacaciones de por vida al tirano interior que vive dentro de cada uno, a los vampiros profesionales, que nos dejan bajo mínimos con sus chantajes emocionales, y agradecer todo lo que nos aporta la Vida, que es mucho.

dimecres, 5 de maig del 2010

encuentra el cuento que buscas

Ordre en el que se li van donan nous aliments.

Hasta por lo menos el primer año de vida es estrictamente necesario el amamantar a los bebés, debido a que se completa la formación de sus funciones intestinales por esta vía (por ejemplo, las enzimas que se encuentran en el estómago e intestino), y se establece un nexo entre el niño y la madre. La leche materna es la comida ideal para que los más chiquiticos crezcan y se nutran debidamente. Cristina Cajone, médico pediatra, afirma que es el mejor alimento, pues en resumidas cuentas es “de la misma especie”, un alimento humano, que proporciona al niño las cantidades necesarias de oligoelementos, ácidos grasos, proteínas y azúcares. La primera y mejor recomendación es amamantar al pequeño durante los primeros seis meses de vida sin sustituto alguno. Cajone recomienda lactancia “a libre demanda”, eso quiere decir cada vez que el bebé lo pida.

De cuatro a cinco meses Vegetales, frutas y cereales A partir de los seis meses es necesario el cambio de alimentación pues las necesidades nutricionales del bebé cambian. Esta transición no puede ser brusca, requiere de paciencia. Lo primero es no desesperarse sobre las posibles intolerancias alimentarias; es decir, si algún alimento produce diarrea, aumento de temperatura o estreñimiento. El organismo del pequeño debe irse acostumbrando progresivamente. Cajone explica que el truco está en ofrecer uno a uno cada alimento, de manera que si hay intolerancia o algún tipo de reacción alérgica se pueda determinar cuál es la fuente causante. Comienza entonces la denominada ablactación, que no es más que ofrecerle a su hijo otro tipo de alimentos distintos a la leche.

Cajone explica que ya para esta etapa el bebé debe estar complementando la lactancia materna con fórmulas de lactancia maternizada consumiendo un tetero de pocas onzas, dependiendo del peso y la talla, luego de su lactancia materna. El último tetero, justo antes de dormir, puede llevar un cereal que no contenga gluten (trigo, arroz), pues es común cierta intolerancia por parte de los más pequeños a estos ingredientes durante los primeros meses de vida.

Primero vegetales y luego frutas, porque si el recién nacido se acostumbra al sabor dulce de las frutas al inicio, le cuesta más la adaptación a lo salado. Se le debe ir ofreciendo al niño sus primeros teteros de sopas, preparándolas con un alimento por vez. Se recomienda empezar con ocumo, ñame, apio, auyama y papa, preparando una “sopita para bebé”; es decir sin mucho condimento y por recomendación de Cajone, se puede colocar un poco de sopa en el tetero y el resto en un platico e intentar a ofrecerle primero a su hijo el alimento con una cucharilla. Debe tener mucha paciencia: es necesario que el nené descubra que tiene que abrir la boca para comer, dedíquele tiempo y amor, que luego de que él se dé cuenta de esto tomará todas sus sopitas con cucharilla. Luego es el momento oportuno para empezar a darle jugos, en un inicio de frutas no cítricas —estos se recomiendan para después del año— y dependiendo de la tolerancia estomacal del bebé, el especialista recomendará con cuáles empezar. Por ejemplo, en el caso de un niño que sufre de estreñimiento se evita la manzana y la guayaba, es preferible brindarle las opciones de lechosa, melón, pera. El bebé puede tomarse el tetero de frutas a mitad de mañana o a mitad de tarde. Un bebé de cinco meses ya debe estar almorzando su sopita de vegetales y merendando su juguito de frutas, acompañado todavía, por supuesto, de su leche materna cada vez que él lo pida.

A SABER

››La alimentación es la base necesaria para un buen desarrollo físico, psíquico y social de los niños

››Una buena nutrición es la primera línea de defensa contra numerosas enfermedades

››La leche materna es el alimento ideal por excelencia para un recién nacido

››El cambio de alimentación requiere ayuda y paciencia

››Los cereales contribuyen al aporte energético, son fuente de proteínas, minerales, vitaminas, ácidos grasos esenciales e hidratos de carbono de absorción lenta, por lo que permiten un mayor tiempo entre toma y toma

››Darle al bebé un alimento nuevo por mes

A los seis y siete meses Las proteínas Cuando su hijo cumpla cinco meses y medio se puede añadir a la sopa de vegetales una pechuga de pollo, empieza entonces así el inicio de las proteínas. Sobre los seis meses y medio, el bebé no sólo está en capacidad de comer sopas de pollo, puede empezar a ofrecerle la carne —lagarto preferiblemente—. En esta etapa, entonces, se puede intercalar sopita de res, de vegetales y de pollo en el almuerzo.

El bebé ya ha ido creciendo y aproximadamente cuando llega esta etapa comienzan a salirle los dientes, por lo tanto el pequeño de la casa puede, aparte de tomar líquidos, empezar a ingerir alimentos semisólidos, tales como purés, carnita molida, compotas e incluso puede comenzar a masticar galletas bajo la supervisión de sus padres.

Otra fuente de proteínas sumamente importante es el huevo. A los siete meses es una buena edad para introducir al bebé en el consumo de éste, pero sólo la yema (en pequeñas porciones), pues la clara es sumamente alergénica y los especialistas la recomiendan para luego del año. Puede dar de comer huevo al niño dos veces por semana, añadiéndolo a la sopa, para que el niño pueda tolerarlo sin problemas.

De los ocho meses al primer año Lo que hay en casa Han pasado los días, su bebé ha crecido, su estómago está mucho más maduro y como necesita seguir fortaleciéndose para crecer sano y fuerte, su organismo va demandando otra clase de alimentos, aparte de la leche, los vegetales, las frutas y las proteínas que debe estar ya consumiendo.

Según Cajone, si los niños no poseen antecedentes de intolerancia a los granos en la familia, los ocho meses son una edad recomendable para que el bebé comience a introducirse en la ingestión de leguminosas, tales como caraotas, lentejas, arvejas, entre otros.

Al año ya el bebé debe estar comiendo prácticamente lo que hay en su casa distribuido en cinco comidas al día: desayuno, merienda, almuerzo, merienda y cena; evitando, eso sí, los enlatados, embutidos y alimentos con mucho colorante.

En edad preescolar Bienvenidos Se llama niño preescolar a aquellos que se encuentran entre los dos y los seis años. Según la pediatra Cajone, ya a esta edad los padres deben comenzar a negociar con los hijos los alimentos que consumen y tener claro que los niños deben comer balanceadamente. Suele ocurrir en esta etapa que los infantes empiezan a rechazar alimentos y en estos casos hay que tener paciencia. Un niño que ya vaya al preescolar o a la guardería es un niño activo, demanda mayor cantidad de nutrientes, no significa esto que sus raciones deban ser grandes; nunca pueden igualar a las de un adulto. Una opción puede ser una arepita con queso en la mañana, junto con su vaso de leche, una fruta a media mañana, una galleta o un pedazo de torta, el almuerzo constituido por cualquier tipo de carne, arroz, granos y ensaladas y la cena en la que no se debe omitir la proteína animal, los lácteos, cereales y jugos. En conclusión, se deben incluir todos los tipos de alimentos en las comidas cuando los niños empiezan a ir al colegio.

POR ETAPAS

››Periodo lácteo: La leche es su único alimento, sea leche humana o artificial. Durante este período, el lactante es capaz de succionar y deglutir, pero aún no ha desarrollado la capacidad de digerir ciertas proteínas

››Periodo de transición o destete: En este período se van introduciendo con prudencia alimentos no lácteos, preparados de forma adecuada en consistencia y cantidad, para no alterar el ritmo de maduración digestiva y renal, así como el progresivo desarrollo neuromuscular. En esta etapa se pasa de la succión al uso de la cuchara; se cambia la textura de los alimentos: de líquido a triturado, y cuando ya tenga dientes a troceado

››Periodo de maduración digestivas: La alimentación se debe adaptar a la capacidad digestiva y al estado de desarrollo fisiológico y neuromotor, haciendo paulatina la introducción de alimentos.

La capacidad gástrica del recién nacido es de 10 a 20 mililitros y aumenta durante el transcurso de su primer año hasta los 200 mililitros, lo que va a permitir que el niño haga comidas más abundantes y menos frecuentes

Fuentes Cristina Cajone, pediatra. Centro Médico Diagnóstico San Bernardino. Telfs.: 551.1133 / 1251 www.revista.consumer.es www.mifarmacia.es www.babysitio.com

Aconseguir que mengi

Un artículo del Dr. Estivill y de Montserrat Doménech, psicóloga y pedagoga, presidenta de la Fundación “Projecte Aura” y co-autora del libro "¡A COMER!".

El método Estivill para aprender a comer

Este método puede utilizarse en cualquier edad del niño a partir de los seis meses, es decir, desde que empieza a tomar sus primeras papillas. Aquí os presentaré un caso práctico donde describiré las pautas para lograr que el niño interiorice un hábito correcto de comer en, aproximadamente, una o dos semanas. Podemos empezar a aplicarlo en cualquier momento del día, pero aquí lo he iniciado en la comida.

Primer día, la comida

• Llegó la hora de comer y nuestra misión es que Juan, que tiene dos añitos, se inicie correctamente en el hábito de comer. Lo primero que hacemos es sentarlo en su sillita. Frente a él tiene ya preparado el plato con la comida. No importa quién esté acompañándolo durante la comida y enseñándole a comer, siempre y cuando todos lo hagan de la misma manera. Ya mientras va sentándole en la sillita, el «conductor» le explica a Juan qué es lo que tiene preparado para comer y le anuncia lo bueno que está. Por ejemplo, hoy mamá le ha hecho un exquisito plato con algunas verduras cortadas a trocitos, media pechuga de pollo y una montañita de arroz. No es necesario ponerle grandes cantidades. Si os fijáis en la barriguita de Juan, os podréis imaginar el tamaño de su estómago. Es una buena guía para tener idea de la cantidad de alimento que puede ingerir.

• Cuando ya tenemos a Juan sentado en su sillita, nos colocamos a su lado para ayudarle a comer todo lo que le hemos preparado. Ahora es cuando pueden pasar dos cosas: que Juan se lo coma todo sin ningún problema (con lo cual, los padres de Juan ya podrían regalar este libro a otros padres a quienes pudiera serles más útil) o puede que, de entrada, rechace el alimento. Bien, pongámonos en la peor de las dos situaciones: el niño rechaza la comida. ¿Qué hacemos? En cierto modo, en cuanto nos sentamos al lado de un niño para acompañarle mientras come, debemos hacernos a la idea de que, a partir de ese momento, nos hemos vuelto sordos y ciegos. Sin abandonar nuestra actitud serena, suave y llena de afecto, llenamos el tenedor o la cuchara y le ayudamos a que lo introduzca bien en la boca.

Si el niño rechaza la comida de nuevo, volvemos a intentarlo de nuevo, y sin alarmarnos ni ponernos tensos. Nuestras maneras dulces de reconducir la operación le están diciendo al pequeño que no ha pasado nada, que vamos a probar de nuevo y que todos seguimos tan contentos. Mantendremos esta actitud durante 3 minutos, aunque el niño escupa y rechace la comida. Y en ningún momento, perderemos la calma. Pasados los 3 minutos, le retiramos el plato como si hubiera comido perfectamente… aunque no haya probado bocado. Y acto seguido, le limpiamos la boca con el babero, lo sacamos de su sillita y nos comportamos como si realmente la hora de la comida hubiera terminado.

• Durante los próximos 3 minutos nos concentramos en otros quehaceres. Insisto: es importantísimo que mantengamos la compostura, como si nada hubiera pasado, como si realmente el niño se hubiera terminado todo el plato. Estos 3 minutos nos servirán para que el niño se «olvide» de la comida y se distraiga. Después de esos 3 minutos de «olvido», reanudamos el ritual de la comida. Seguimos fingiendo que antes no ha pasado nada. Nuestra actitud es alegre y positiva, sin hacer caso de la actitud previa del niño y, aún más, de lo que pueda él estar deduciendo ahora acerca de nuestro reintento. Procedemos a repetir los mismos actos. Es decir, le ayudamos a sentarse en la sillita, le colocamos el babero, le ponemos delante el plato y acompañamos ese viaje del tenedor o la cuchara desde el plato hasta su boca. Transmitiendo seguridad siempre y en todo momento. Y calma, y paciencia.

• Recordad: nosotros somos los buenos maestros y él, el alumno que está aprendiendo a comer. Esta vez dedicaremos 4 minutos a nuestro empeño. Por supuesto, podemos toparnos con dos posibilidades. Una, que empiece a comer bien, con lo cual se da por finalizado esta práctica hasta la siguiente comida. No importa que sobrepase el tiempo que teníamos previsto, lo que cuenta es que ya está comiendo con regularidad. Pero también puede ocurrir que siga negándose a comer o que abra la boca, sí, pero a regañadientes y sin apenas tragar alimentos. Si es éste el caso, seguiremos intentando ayudarle a comer durante 4 minutos. Y siempre sin perder la sonrisa ni la serenidad. Pasados los 4 minutos, le retiramos el plato y le sacamos de su sillita como si hubiera comido bien, y nosotros nos ponemos a hacer otras cosas durante los próximos 4 minutos. ¡Como si no hubiera pasado nada! Y, transcurridos esos 4 minutos de «olvido», reanudamos toda la operación desde el principio, una vez más y como si fuera la primera. Sí, volvemos a poner el plato en la mesa, le sentamos de nuevo en su sillita y, mientras le colocamos el babero, le decimos «Vamos a comer esto que está tan rico». Y empezamos a ayudarle con el tenedor o la cuchara. En este tercer intento mantendremos la acción durante 5 minutos. Nuestra actitud seguirá siendo tranquila, sonriente y positiva, aunque por dentro nos esté corroyendo el malestar y estemos hartos y deseosos de que el niño empiece a comer bien, que interiorice por sí solo lo que queremos que haga.

• Es importante que el niño no perciba estas emociones negativas nuestras en ningún momento del proceso de aprendizaje. Si se da cuenta de que su rechazo a la comida llama nuestra atención, nos preocupa o provoca en nosotros un cambio de actitud, ¡estamos perdidos! Por eso, pase lo que pase, en ningún momento debemos perder esa actitud de confianza y seguridad en lo que estamos haciendo. Cuando hayan pasado 5 minutos, se da por finalizada la comida. No importa la cantidad que haya comido el niño. Ya no habrá más intentos y tendrá que esperar hasta la siguiente hora, que será su merienda. Si de verdad no ha comido nada, no tenemos que preocuparnos. El cuerpo está preparado para resistir largos ayunos, y recordad que un niño pasa once o doce horas sin comer durante la noche ¡y no ocurre nada! Hay mucho tiempo por delante hasta que se le agoten los recursos energéticos, y seguro que vuestro hijo no llegará jamás a ese extremo.

• Si seguís estas directrices al pie de la letra, en una semana el asunto está resuelto. Eso sí: hasta la hora de la merienda no podremos darle nada de comer, aunque él lo pida desesperadamente. Tenemos que armarnos de paciencia para poder transmitírsela también al pequeño, pues… ¡hasta la hora de la merienda, nada!

dilluns, 3 de maig del 2010

escrit a la nostra mare

Hola mama,

T'escrivim aquesta carta per dir-te com t'estimem, ja sé, que no ho diem gaire sovint, però la veritat és que t'estimem molt, molt i molt, encara que a vegades no t'ho sembli o fem coses que et puguin decepcionar, encara que les coses a vegades no vagin per on haurien d'anar hi ha una cosa que no canvia, que no baria passi el que passi, i fem el que fem i és que t'estimem i ens importes i ens agrades i sense poder evitar-ho t'admirem. Per que tu junt amb el pare, heu aconseguit fer-nos tal i com som, que no és poc.

Deixa doncs que et donem les gràcies, encara que mai ho farem suficientment, com per compensar el que ens heu donat. Gràcies mare per estar sempre disponible quan t'hem necessitat, per ser la llum en el camí. Gràcies per estar sempre disposada a escoltar i ajudar. Gràcies per buscar solucions als nostres problemes, com si no en tinguessis prou amb els teus. Gràcies pels teus dolços petons i pel calor dels teus abraços. Gràcies per donar sense esperar res. Gràcies per ser com ets. Ets, la mare perfecta i voldríem ser les filles perfectes per a tu, sabem que no ho som. Però volem que sàpigues que ho intentem i ho fem només per a tu. Per que ets la nostra mare estimada, la única i la millor que hi ha en el món i l'univers sencer. Per a nosaltres no n'hi ha, ni n'hi haurà mai cap altre. Un petó dels de casa (Imma, Ivan, Montse, Ivan i Pere),que t'estimem molt moolt i mooooolt i volem que en quedi constància en aquesta carta que t'hem escrit per a un dia tan senyalat com el dia de la mare.

MUUUUUAAAAAKS